martes, 17 de agosto de 2010

SENTENCIA

Acusador el dedo que me señala;
Ojos ejecutores para una sentencia… ¡la mía!

Sé que he de cumplir condena y antes de mi marcha he de decir.
En esta vida muchos son los errores que cometí, algunos malos otros peores, malas compañías e inclusive malos consejeros. Pero díganme… ¿Quién no esta exento de algún delito? (leve murmullo entre el respetable) me acuso del asesinato de Margaret
Fray.
Pregunta del juez a la acusada.
Entonces señora Bixt admite usted su culpabilidad.
Si señoría lo admito, fui yo quien lo hizo.
Fue un asesinato a quemarropa, sin piedad, con toda la malicia posible.
¿Y por que motivo lo hizo?
Fue pasional.
¿Su marido le ponía los cuernos con la señora Fray?
No señoría, mi marido estaba completamente ajeno a la relación que mantenía con la señora Fray.
Explíquese usted mejor por favor.
La señora Fray y yo éramos mucho más que amiga, mucho más que vecinas del pueblo, mucho más que dos cotorras chismosas que se sentaban en la puerta a criticar. Compartíamos el sentimiento más puro más limpio y más sincero que puede existir.
Quiere decir entonces señora Bixt que fue por amor, por lo que hizo semejante atrocidad.
Si señoría, fue por una cuestión meramente sentimental.
¿Y que pasó?... cuéntenos.
Ya llevaba unos meses sospechando de la fidelidad de la Señora Fray, no sé porqué ella no quiso sincerarse conmigo, sabía que algo me ocultaba, así que decidí observarla para ver que misterio se traía entre manos.
Entró en una casa vieja, con tablones de madera roída por el moho, una mujer le abrió la puerta, llevaba un pañuelo en la cabeza y con la mano derecha agarraba fuertemente los picos para que no se le cayeran.
Me acerqué sigilosa a la ventana y allí las vi hablando tan amistosamente, como si se conocieran de toda la vida, como si no existiera nadie mas, como si aquel instante fuera el único de sus vidas.
En un ataque de celos, ira, o venganza, busqué desesperadamente algo con lo que atizarle un buen coscorrón, o darle un buen susto, para que supiera que me sentía dolida, dañada y humillada en cierta forma.
Afiné el oído y escuché claramente: “Eres lo mejor que me ha pasado, siempre estaremos unidas”, se me encendieron los ojos y se tornaron rojo fuego.
Mi rabia era cada vez mayor y mis celos me comían por dentro.
Así que sin pensármelo dos veces entré en la sala pegando una patada a la puerta con la pistola cargada apuntando a la cabeza de mi rival y apretando el gatillo.
No dí opción a que se defendiera apreté sin más y me fui. Quedando la señora Fray muerta en el sofá, un reguero de sangre resbalaba por su cara.
Así pues señoría este es mi relato, espero que se haga justicia y me condene por algo que sí cometí. El amor puede ser muy bonito, puede ser el motor del mundo, pero a la misma vez te ciega la razón.
Señora Bixt le condeno a 10 años de cárcel por asesinato en primer grado.

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