martes, 27 de julio de 2010

TARDE


Cae la tarde y con ella una aburrimiento pasmoso.
Sentada en mi humilde escritorio lleno de: papeles, libros, notas, apuntes, reflexiones… y una vieja fotografía, bajo un desorden peculiar.

Acudo como cada día a relatar lo que pienso…dispuesta como siempre a soñar.
Miro distraída la pared, con la mano puesta en la cara un largo bostezo sale de mí; agacho la mirada y me concentro en el papel, cojo la pluma y se mantiene impávido, no se mueve, no habla.

¡Vacía mente la mía! No quiere imaginar… ¿Será que ya se me han agotado todas las ideas? ¡Uf no lo sé!, después de no se cuanto minutos mirando las grietas de la pared; me levanto de la silla y paseos doy por la casa, haber si la inspiración llega de alguna parte, hablo en voz alta y digo ¡queridas musas iluminarme!, una vuelta otra vueltas y mil vueltas, todo inútil.

Cojo la pluma y empieza a escribir sola, sin pararme a leer, sin detenerme un momento en lo escrito, solo veo, frases, reglones, y letras en un papel en blanco que se torna de color.

¡No puedo parar! hasta me hace daño no descansar… Mientras mi mano de vuelve loca y descontrolada, voy observando que queda sucio y desordenado, ilegible letra de médico.

Mi mano se ha parado con brusquedad… suelto la pluma ensuciando aun más el escrito. Mi cansancio comienza a ser inminente.

La tarde va muriendo dejando paso a la oscura noche; murmullo de gente retumba en mis oídos…como aquella vieja canción.

A la calle salgo a pasear, el viento golpea con seriedad y una fuerte sacudida mi cuerpo temblores da, y en mi caminar parada me he de quedar.

Me siento en un oxidado banco mientras pienso…

Ha llegado mi fin “el escritor ha muerto”, las musas no están, ya no hay nada que decir, agoté todos mis recursos… toda mi imaginación, fue tanto lo que te dí y tanto lo que te entregué, que hoy ya no queda sentimiento; la ilusión se pudre, la pasión se ahoga, tu recuerdo una efímera coincidencia; solo queda la razón, la realidad…nostalgia de un amor.

Con los ojos llorosos alzo la vista al cielo y miles de estrellas adornan un paisaje confuso, ¡ya no sé quien soy!, sin mis escritos me hundo, sin mis veneradas musas no soy nadie, sin la calidez del papel no existo, sin la fuerza de mi pluma todo queda perdido.

Le dedico al viento mi último suspiro tal vez mis últimas palabras…

Mortecina noche que me aguarda,
En mi pluma seca y abatida
100 poemas,
De ellos 40 versos,
Con gran entusiasmo una buena rima,
Alguna que otra estrofa,
Soltando al viento un par de “TE QUIEROS”,
¡Tiempo detente! Que nunca llegue este día,
Que deje desconsolada
El alma mía.

Ilusa mujer de mirada fría,
De pensamientos turbios,
De sentimientos agotados,
Corazón ajado y maltratado.

No siempre seré la poetisa del dolor,
La que derrama lágrimas de amor,
La que sufre en silencio un estúpido desamor.

Viento gélido que por mi ventana entras,
Rozando el pómulo seco y ausente de mi cara,
Poniendo en el un beso frío.

Frío como mis manos cuando te hablan,
Mis sentidos se desvelan,
En el ambiente percibo aromas de pinos, robles y carrascas.

Me transportan a un mundo sin identidad,
Sin consciencia,
Sin el yo que me falta,
Llevándote consigo todo lo que soy.

Hoy es noche de plenilunio
La fiera que hay en mi interior desbocada está
Por rabia, ira y maldad.

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