
De negro se viste mi alma,
Hoy, un día doloroso.
En mis ojos tristes y caídos,
Una melancolía insomne,
Ya no derrama lágrimas,
Solo sangre.
Impávida me hallo Ante mis actos…
Impuros, sucios y perversos.
El pulso ya no me tiembla cuando te escribo,
Se mantiene firme y sereno,
Distante.
Yo, como siempre abocada a un fracaso inminente,
Mis pensamientos trastrocados por orden del tiempo.
Ya no se concentra, no piensa, no reacciona,
¿Será la edad que me juega malas pasadas?, quien sabe.
Nubarrones grises en mi corazón; como en un día de lluvia,
Lastimero es mi cantar.
Mi angustia se revela contra mí,
Mi ansiedad por terminar.
Pero como cada día volveré…consciente.
Siempre junto a ti; dándome ese cobijo que necesito cada anochecer,
Tú me has guiado en mis torpes pasos,
Has sido juez y verdugo de mis palabras,
De mis pensamientos…de mis actos.
De un yo, que necesitaba salir, florecer, madurar y morir.
Mi dedicación en plasmar letras en un papel en blanco,
Aferrándome a algo tan volátil como tu esencia, tu aroma, tu olor, tu presencia de mil formas distintas, y que en esta noche enterradas quedan.
Compañera fiel de mis batallas,
De mi derrota, alguna que otra victoria (pocas créeme),
Ya no se lo que esta bien o esta mal,
Si es o no es correcto lo que hago,
Si es verdad o mentira lo que digo,
Yo sola me contradigo.
Mis escritos es lo único que me queda para recordar…
Derrocando a esta ilusa poetisa,
Que pare malformaciones literarias en unos reglones.
Postrada de rodillas me encuentro, dedicándole mis ultimas palabras a mis musas,
Revoloteando por mi cabeza y alzando el vuelo libre hacia un mundo tal vez mejor.
¿Habrá alguien que se las encuentre y las quiera?
Noche de poemas, versos y estrofas,
Mi estrabismo se convierte en ceguera,
Apagando luces brillantes de una rima.
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