jueves, 31 de marzo de 2011

DENTELLADA


Le gustaba pensar que no hay mal que por bien no venga, al recordar orgulloso como había perdido fragmento a fragmento, diente a diente, muela a muela, cuarenta y una de sus cuarenta y dos debilitadas piezas dentales. Bajo las mesas compartidas a los pies de los más insignes personajes de cuantos habían en ese banqute . Su instinto perruno supo una hora antes del fallecimiento de su amo. Abatido y sin dueño terrenal buscó el suficiente tránsito de una de las avenidas de la gran ciudad. Sabía que su última pieza le aguardaba una suculenta papilla de las mejores carnes.

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