
Le gustaba pensar que no hay mal que por bien no venga, al recordar orgulloso como había perdido fragmento a fragmento, diente a diente, muela a muela, cuarenta y una de sus cuarenta y dos debilitadas piezas dentales. Bajo las mesas compartidas a los pies de los más insignes personajes de cuantos habían en ese banqute . Su instinto perruno supo una hora antes del fallecimiento de su amo. Abatido y sin dueño terrenal buscó el suficiente tránsito de una de las avenidas de la gran ciudad. Sabía que su última pieza le aguardaba una suculenta papilla de las mejores carnes.
Espero que no me muerdas mucho...
ResponderEliminarKebran