
Un mar de arena se desborda hacia el infinito bajo el cielo estrellado de una gélida noche. Hasta donde alcanza la vista no se encuentra más que arena, montañas de arena, dunas de arena, mares de arena y oceanos de arena; arena y más arena. No existe la más mínima brisa. Pero si buscas exhaustivamente encontrarás entre la inmensidad de un mar de arena un sendero formado por los pasos de un hombre, siguelos y hallarás al hombre. El hombre está cansado, exhausto, sus ropas no son más que un par de harapos, su cabello, sucio, cae sobre sus hombros y su mirada vacía se pierde en el horizonte. Su mano empuña una espada sangrante, la empuña con fuerza, con las pocas que le restan, no tiene otra cosa que esa espada bañada en la sangre de más de mil hombres y mujeres pues en la guerra se hacen cosas que uno no desearía hacer.
el hombre de arena piensa en esos muertos siempre, la arena son las almas de sus muertos,
ResponderEliminarte quiero
Kebran