domingo, 13 de marzo de 2011

VOLAR

Miré al cielo. Me atrapó su monótono paisaje. Un inmenso espacio pintado de celeste.

El Sol estaba tan alto e iluminaba tan ampliamente que ninguna nube se animaba a merodear por allí.

A la distancia pude divisar una bandada de pájaros que se acercaba rápidamente. El batir de sus alas me envolvió por completo. Me dejé llevar por ese simple sonido que me llenaba de placer.



Me sentía liviana. Me dieron ganas de volar, de explorar nuevos pueblos, ciudades, como aquellos pájaros, que viajan tanto y viven experiencias tan emocionantes.

Me pregunté qué sentirían al estar en contacto directo con la libertad. A la vez, sentí envidia por ello. No sufren las presiones que sufrimos nosotros.

Nosotros somos esclavos de nuestras propias conciencias. En cambio, ellos hacen lo que quieren. No les importa nada.

Solo ser libres. Por eso me gustaría ser un pájaro. Luego, bajé la vista, miré el reloj y salí corriendo: llegaba tarde.

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