Se desliza por la acera, cabalga sobre el último destello de la tarde.
Desde las alturas ella lo observa. Espera sentada, abierta está la puerta, con su mejor traje, con colonia cara. Excitada, recuerda la figura que vio por la ventana.
Suave, rotundo, bello. ¿Cómo será su voz ? Los zapatos... no recuerdo si era de un negro impoluto, o por el contrario tenía manchas de barro.
Hormigas en los pies, cerveza sin espuma en la mesa. Arranca el ascensor, ya nota su llegada. Se toca los cabellos, se ajusta el traje, sacude con un dedo la imperceptible mota de polvo en el zapato izquierdo. Se enciende la luz de la escalera, los pasos, indecisos, como buscando. ¡Ahora! novia de nácar, ave, trigo, espuma, valle, mar, carne, furia, sueño y llanto.
Abre la puerta y dice con voz decidida.
Hola guapo,¿eres tú?, él contesta... ¿Sabe, señorita? hay cosas que es mejor no hacer sólo.
El hombre deja ver un reflejo acerado, filo imponente que rebana de un tajo su propio cuello. La sangre, la dama enmudecida pega su espalda a la pared; se doblan los tacones, las piernas se derrumban, los muslos temblorosos quisieran evitar la densa mancha que se acerca.
Un relato definitivamente gore
ResponderEliminarUn beso.
Kebran
wow!!!! me gusto!!!!!
ResponderEliminarun abrazo
Hostias! Menudo puñetazo.
ResponderEliminarUn abrazo.