Querido Marcos
Te escribo estas líneas porque a veces no sé cómo agradecerte con palabras todo el apoyo y la comprensión que he recibido por tu parte.
Los últimos años han sido muy difíciles y ambos sabemos que no hubiera conseguido salir de la situación si tú no hubieras estado a mi lado, tendiéndome la mano para no hundirme, tirando fuerte para levantarme y sujetándome para no caerme.
Dos cosas son las que quiero decirte, y te las escribo para que no las olvides.
“Gracias” y “Te Quiero” me resulta prioritario en estos momentos en los que sólo busco la forma de devolverte toda la amistad que me has dado.
Cuando me planteaste que te dedicara unas lineas para tu cuaderno de escritura me sorprendió, no pude resistirme y me puse manos a la obra y dedicarte mis paranoias, mis pesadillas, mi mundo oscuro, mis fantasías, mis temores, mis debilidades, mis anhelos.
Quizás mucha gente no entienda a qué me refiero, a quién o qué le escribo, solo yo sé lo que es deshojar un alma que ha estado cautiva durante tanto tiempo. He visto y he sentido mucha oscuridad, miedo, incertidumbre, mentiras y traiciones, pero gracias a ti a tu amistad y a tus consejos me he mantenido fuerte, por eso esta es mi peculiar manera de demostrarte que puedes contar conmigo siempre.
No dudé en ponerme a escribir y apurar esta mente inquieta que no para de pensar, pensar y pensar. En mi triste soledad, en mi vacío, en mi yo, con angustias, inquietudes, en mi necesidad de vomitar lo que soy.
Bichina
RELATO PARA EL CUADERNO DE
ESCRITURA DE MARCOS CANEDO ABAD
Era una mañana lúgubre. Ni un solo rayo de
sol atravesaba el cielo encapotado. Pronto me perdí en un paisaje
silencioso, aislada de todo el mundo circundante, no se veían las
montañas ni el lugar al que me dirigía. Era un paisaje triste y
monótono. Un invierno frío y húmedo reinaba aún en aquel lugar. A
medida que avanzaba el día, la claridad fue en aumento, las nieblas
se levantaron volviéndose más tenues y transparentes y el sol
subía, altivo y dorado sobre un paisaje sereno y deslumbrante. La
búsqueda es el camino.
Hay
veces que nos olvidamos de lo que nos rodea y centramos la vista mas
allá de las estrellas.
Hubiese
dado todo, mis pensamientos, mi mente, mi inteligencia, mi espíritu
con tal de haber sido capaz de albergar algún sentimiento.
He sido testigo de muchos horrores aunque en
esos momentos mi ignorancia me cegaba y la imprudencia se apoderó de
mí.
Maldije
una y mil veces con todas mis fuerzas, aquella repulsiva voz que
había hecho de mi existencia una continua caída al vacío.
Hacemos
responsables de esta voz a la conciencia, al ego, a la intuición.
¡Culpable
de todos mis males! grité rabiosa
¿Dónde
te escondes ahora, detestable cobarde?
Y
entonces, la presencia se reveló junto a mí, la frialdad de sus
ojos, sin el menor rastro de vida, parecían posarse en mí sin
emociones, justo en el mismo reducto de la mente que yo habitaba, en
la soledad que creía de mi exclusiva propiedad.
Descubrí
su velo de inconsciencia, deseando que esto se debiera a un
trastorno mental transitorio,o un desdoblamiento de la personalidad.
Sentí
sus palabras dirigidas hacia mi, sin susurros. Nunca escuché una voz
más espantosa: probablemente poco soportable. ¡No te atrevas a
culparme de tu conocida mediocridad! amenazó siniestra.
Todos
los consejos que has recibido indicaban tus mejores opciones a seguir
¡Fuiste tú, apestosa inepta, quien las truncó, quien las
desaprovechó en manos de la desidia!
Ni
por un momento pienses que otorgué mi consejo por amor u obligación
hacia ti, tampoco puedes considerarme un parásito, pues he cumplido
con mi parte del pacto del que ambos somos beneficiarios, que tu
propia ineptitud te haya impedido aprovechar la ayuda recibida.
Y
sabiendo que todo aquello era triste e ineludiblemente cierto, apenas
acerté a balbucear una sola pregunta: ¿Qu...quién eres?
No hay comentarios:
Publicar un comentario