La noche
había llegado sólo sabía que era de noche por el frescor del aire. Me quemaban
los ojos y la garganta se me había cerrado. De pronto, me fallaron las piernas
y me vi de rodillas. Este no era un final heroico, este no era un destino
glorioso.
Anduve hasta
acabar con los pies doloridos y el aliento entrecortado. El aire estaba cargado
y estancado. Llegó el dolor. Peor que el dolor de un hueso roto o la herida de
una puñalada. Más profundo y complejo que cualquier otro dolor.
Fue un golpe
amargo. Había confiado en aventurarme triunfante, y no descubrír perpleja una
nueva derrota.
En parte me
sorprendió seguir existiendo sin su continua presencia, siempre tirando de lo
más profundo.
Mi mente
se inundaba de ideas lo que me impedía
pensar. Quería gritar a las estrellas, me mordí el labio hasta sangrar,
retorciéndome. Noté el sabor de mi propia sangre. Después, solo recibí oscuridad
y el sonido de mi corazón latiendo. Tambaleándome, aturdida y sacudiendo la
cabeza.
¿Qué es lo
que quieres? ¿Me estás retando?
Nadie había
vivido tiempos como estos. Los amigos se convertían en enemigos, la vida en una
muerte que no lo era del todo. No hay lugar para las dudas, la piedad, la confusión, la pureza de las emociones reemplaza las
sensaciones físicas. La única alternativa resistir. Me juzgarán,
seguro. Me pondrán a prueba, no es la primera ni la última, aquí estaré
sorteando toda clase de retos que me pongas.
¿Dónde quedan
ahora todas tus palabras?
Soy una
salvaje sin escrúpulos con un don para la violencia y la guerra, sin conocimientos de diplomacia ni acuerdos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario