domingo, 24 de septiembre de 2017

VIENTO

Este frío viento de invierno es el que hiela la sangre, trae consigo el gemido de las almas atormentadas, el insoportable hedor de la muerte.
El aullido  gélido que borra el recuerdo de todo lo que una vez fue sosiego y serenidad.
En un mundo despiadado y lúgubre ningún linaje vence al olvido,  los esculpe, los forja y lo reduce a cenizas.
Que el viento  arrase  esta maldita lejanía, borrando toda existencia, en el desamparo del destierro y la nostalgia perpetúa.
Era incapaz de dormir, la turbulenta agitación de mi cabeza me mantenía con los ojos mirando al techo. Oyendo tú nombre en las paredes de mis pensamientos.

Alzo la voz en esta noche  fría y silenciosa, este  lado sombrío formado por una variedad de seres que pretenden destruirme y esclavizarme.

Guardo las letras que forman tu nombre, atada de pies y manos, a merced del viento. 

No consigo explicar lo que me haces sentir, mi corazón endurecido por las cicatrices de anteriores batallas, por aquellas que eran mis armas, mi orgullo, mi razón, mi mayor virtud radica en luchar cada día, y matar mis demonios.
Desatas mi perdición, eres locura y pasión, sometida por un poder más allá de mi entendimiento.
En mi mente siempre has estado presente, con mayor o menor intensidad. Eres la mirada esquiva que puede ver,  más allá de mi alma, eres fuego en medio de una profunda oscuridad, eres ese silencio que me habla de tus tristezas.
Huyo obnubilada por tu recuerdo y sofocada por necesitarte. Tengo heridas en el alma, heridas que hoy sanan por ti. El tiempo se había encargado de envejecer, certero e incansable. 
Ojalá no tuviera que volver a la aburrida  realidad, al trajín constante de los días monótonos que son los que no tienen tu presencia, al mundo descolorido y gris que me rodea.


No hay comentarios:

Publicar un comentario