Este
frío viento de invierno es el que hiela la sangre, trae consigo el gemido de
las almas atormentadas, el insoportable hedor de la muerte.
El
aullido gélido que borra el recuerdo de
todo lo que una vez fue sosiego y serenidad.
En un mundo
despiadado y lúgubre ningún linaje vence al olvido, los esculpe, los forja y lo reduce a cenizas.
Que el
viento arrase esta maldita lejanía, borrando toda
existencia, en el desamparo del destierro y la nostalgia perpetúa.
Era incapaz de dormir, la turbulenta agitación de mi cabeza
me mantenía con los ojos mirando al techo. Oyendo tú nombre en las paredes de mis pensamientos.
Alzo la voz en esta noche fría y
silenciosa, este lado sombrío formado por una variedad de
seres que pretenden destruirme y esclavizarme.
Guardo las letras que forman tu nombre, atada de pies y
manos, a merced del viento.
No consigo explicar lo que me haces sentir, mi corazón endurecido
por las cicatrices de anteriores batallas, por aquellas que eran
mis armas, mi orgullo, mi razón, mi mayor virtud
radica en luchar cada día, y matar mis
demonios.
Desatas mi perdición, eres locura y pasión, sometida por un
poder más allá de mi entendimiento.
En mi mente siempre has estado presente, con mayor o menor
intensidad. Eres la mirada esquiva que puede ver, más allá de mi alma, eres fuego en medio de una profunda oscuridad, eres ese silencio que me habla de tus tristezas.
Huyo obnubilada por tu recuerdo y sofocada por necesitarte. Tengo heridas en el alma, heridas que hoy sanan por ti.
El tiempo se había encargado de envejecer, certero e incansable.
Ojalá no tuviera que volver a la aburrida realidad, al trajín constante de los días monótonos
que son los que no tienen tu presencia, al mundo descolorido y gris que me
rodea.

No hay comentarios:
Publicar un comentario