miércoles, 11 de enero de 2017

CARA A CARA

La oscuridad reinaba a sus anchas, gobernando en silencio, a lo lejos el sonido de una cascada llegaba de forma nítida.
 Todo estaba listo para que diera comienzo la gran batalla.
Un pequeño haz de fuego se dibujó en el horizonte.  Primero lo hizo de forma tímida y luego con  fuerza.
Entre sus manos únicamente las armas útiles para el enfrentamiento, la encarnizada lucha causó estragos en la vegetación cercana, que empezó a arder de manera descontrolada.
Mientras ella calculaba la distancia existente entre ambos, buscando un punto crítico en la articulación del brazo de su oponente.
Era una mezcla de ritual y provocación, siempre al límite de lo inaudito.
Había sido una auténtica imprudencia haber comenzado una lucha abierta sin llevar una armadura especialmente forjada para ello, era demasiado tarde para lamentar tal falta de sensatez. En un descuido de ella, sentenciaría una muerte segura.

Este tipo de enfrentamientos llevaba una serie de reglas muy cuidadas, en ningún caso, permitían arrebatar la vida del oponente. En caso de acabar con la vida del otro sería expulsado de la región, sin volver a combatir nunca más.

Quería capturar en su  retina aquel momento mágico que él había provocado y contemplar cómo lo bello se fundía con lo siniestro.

¡Desátame, por favor!

  Sacudía su cuerpo con la intención de quitarse las ataduras.

¡Maldita sea! gritó enfurecida.

Un fuerte estruendo sonó de repente,  cuando el asaltante que era más alto, vociferó, se dirigió  hacia su presa, ella se quedó petrificada, él terminó de enzarzarse con el cuerpo de su víctima,  moviéndose a gran velocidad.

Ella avanzaba desorientada, realizando un camino serpenteante alrededor del cuerpo de su víctima, el fuego le empujaba, arañaba y, en ocasiones, le susurraba palabras en una lengua desconocida que le hacía gritar.

Aunque ella no fuese consciente, se hallaba en una situación peligrosa. Los combatientes se desplazaban con rapidez.

¡Quieres acabar conmigo!

¡Quieres arrebatarme la cordura! Gritaba ella.
Cuando el fuego la alcanzó, su cuerpo emitió un destello deslumbrante, lejos de verla consumida por las llamas, su cuerpo despojado de todo atavío, provocándole un intenso deseo.

 Una fuerte atracción le empujaba, quería destruirla y no volver a verla, era su némesis.

El fuego la agarró con las dos manos y la lanzó con fuerza, estampándola contra las rocas.

La angustia se adueñó de su cabeza, y su corazón comenzó a latir con intensidad. Nadie respondía a sus palabras, tan solo el silencio y la oscuridad permanecían a su lado.

 Es mi fin… es el fin, pensó.

¡Eh, tú! ¡Espera!, gritó ella.

Sacó energías de donde pudo y se enfrentó a él.

 Discúlpame, pero no puedo dejarte con vida, sabes que ese no es el trato, así no son las reglas, si lo haces serás desterrada de aquí, no volverás a luchar, de nada te servirá, si, si me servirá, acabar  con…

¿Conmigo?

Aquí me tienes

¡Hazlo!  

Ella se  abalanzo sobre él hiriéndole en la pierna, tenía un corte profundo  en el muslo derecho, sangraba a borbotones, aún así él se movía de forma rápida.

 Escurridizo y resbaladizo movimiento, esquivó de manera sorprendente un golpe que iba directo a su estómago.

Sin embargo, su sonrisa y el placer que ella estaba experimentando durarían poco.

El fuego la miró a los ojos y le gritó.

Si me matas morirá está pasión

¿De veras quieres eso?

 ¿De qué hablas?

 Lo noto en tus ojos, me deseas.

¿Eso crees?

El fuego usaba una estrategia que consistía en un excitante encuentro de miradas hasta llegar a la confusión.

La sombra de la locura se había manifestado antes de tiempo. Mientras él  lanzaba golpes al aire y exigía, que se alejara de él.

¡Vete de aquí!

Durante  los siguientes minutos se produjo un interesante intercambio de golpes, ella sangraba, no perdía la fuerza y no se rendía, pese a las advertencias del fuego de que se fuera de allí, decidida estaba a acabar con su vida de una forma u otra, uno de ellos tenía que salir victorioso.

 Entre sus efectos más conocidos estaban la parálisis temporal del cuerpo.

¡Vete de aquí de una vez!

 ¡NO!

¡Maldito e hipnótico fuego!

Maldíceme todo lo que quieras, pero de mi no te vas a escapar.

 Un cosquilleo recorría su estómago momentos antes de experimentar una sorprendente tranquilidad que estaba a punto de llevarla a un  sueño profundo, temblaba,  mientras, su cuerpo, se entumecía de manera agradable.  
  El combate se prolongó más de una hora, y en varias ocasiones hubo roces peligrosos en los que incluso uno de ellos estuvo a punto de perder la vida.

No quería colmarse de gloria, ni siquiera fue el deseo de venganza lo que le dio fuerzas para levantarse cada una de las veces que caía al suelo. Fue  la promesa que se hizo así misma la que                                le llenaba de valor. Algo tan sencillo y complicado a la vez.

Ambos maldecían la hora de su  enfrentamiento, juraban que las manos sencillas que se acariciaban no llegarían a quemarse en la hoguera.

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