domingo, 22 de enero de 2017

VAHO

La habitación estaba destrozada, desordenada y sucia. Había manchas resecas de sangre por el suelo y paredes, algo realmente chungo había ocurrido.
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Antar se quedó observando aquella catástrofe, no vio  ningún cuerpo que pudiera confirmar que hubiese habido víctimas.


Lo primero que pensó fue en salir huyendo. Pero la curiosidad le pudo, quería indagar un poco sobre aquel extraño suceso.

Antar tenía una maleta, de ella sacó una pequeña cámara fotográfica y tomó varias fotos de manera compulsiva, buscando los mejores ángulos.

Un misterioso vaho apareció de la nada, como si cobrara vida propia. 

El vaho se extendió por la  habitación, una vez que Antar pudo ver con claridad observó un enorme capullo similar al que crean los gusanos de seda cuando van a convertirse en mariposa se alzaba recubierto de una película rojiza muy fina. 

Antar no se percató de que algo en el interior de aquella cosa se estaba moviendo.

De pronto, empezó a convulsionar, y estalló en mil pedazos, dejando ver la monstruosa figura.

Aquella monstruosa cosa la agarró del cuello y la levantó del suelo.

Antar estaba dolorida, mareada y agotada, la herida  de su brazo parecía extenderse por su piel.

“Los humanos sois débiles y repulsivos”. La voz grave de la criatura sonó con profundidad en el oído de Antar.

Los vapores que emanaba aquel extraño ser habían comenzado a entrar por las fosas nasales de Antar ofreciéndole un olor nauseabundo. 

Antar empezó a moverse al ritmo de rápidos espasmos que la sacudían cada vez con más fuerza.

A los pocos segundos, un crujido desagradable y seco acompañó a la rotura del hueso,  el grito de dolor fue tan fuerte que aquel ser la soltó con brusquedad.

¡Aléjate de mí criatura inmunda!  Gritó Antar con voz temblorosa mientras se intentaba arrastrar hasta la puerta.

¡Regresa de dónde has venido!

Por desgracia, la suerte le dio la espalda, aquella cosa iba tras sus pasos y  apareció de nuevo frente a ella.

Antar se arrastraba por toda la habitación quería salvarse así  misma de una muerte que le perseguía sin piedad.


El ser comenzó a golpearse a sí mismo y a clavar sus enormes garras por todo el cuerpo, ocasionándole heridas graves de las que emanaba un líquido oscuro posiblemente se tratara de su sangre. En el instante en que el esporádico ataque terminó, la criatura se desplomó sobre el suelo, hasta convertirse en un asqueroso charco maloliente.




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