La habitación estaba destrozada, desordenada
y sucia. Había
manchas resecas de sangre por el suelo y paredes, algo realmente chungo había
ocurrido.
.
Antar se quedó observando aquella
catástrofe, no vio ningún cuerpo que pudiera
confirmar que hubiese habido víctimas.
Lo primero que pensó fue en salir
huyendo. Pero la curiosidad le pudo, quería indagar un poco sobre aquel extraño
suceso.
Antar tenía una maleta, de ella sacó
una pequeña cámara fotográfica y tomó varias fotos de manera compulsiva,
buscando los mejores ángulos.
Un misterioso vaho apareció de la
nada, como si cobrara vida propia.
El vaho se extendió por la habitación, una vez que Antar pudo ver con claridad observó un enorme capullo similar al que crean los gusanos de seda cuando van a convertirse en mariposa se alzaba recubierto de una película rojiza muy fina.
Antar no se percató de que algo en el interior de aquella cosa se estaba moviendo.
De pronto, empezó a convulsionar, y estalló en mil pedazos, dejando ver la monstruosa figura.
El vaho se extendió por la habitación, una vez que Antar pudo ver con claridad observó un enorme capullo similar al que crean los gusanos de seda cuando van a convertirse en mariposa se alzaba recubierto de una película rojiza muy fina.
Antar no se percató de que algo en el interior de aquella cosa se estaba moviendo.
De pronto, empezó a convulsionar, y estalló en mil pedazos, dejando ver la monstruosa figura.
Aquella monstruosa cosa la agarró
del cuello y la levantó del suelo.
Antar estaba dolorida, mareada y agotada, la herida de su brazo parecía extenderse por su piel.
Antar estaba dolorida, mareada y agotada, la herida de su brazo parecía extenderse por su piel.
“Los humanos sois débiles y
repulsivos”. La voz grave de la criatura sonó con profundidad en el oído de
Antar.
Los vapores que emanaba aquel
extraño ser habían comenzado a entrar por las fosas nasales de Antar ofreciéndole
un olor nauseabundo.
Antar empezó a moverse al ritmo de rápidos espasmos que la
sacudían cada vez con más fuerza.
A los pocos segundos, un crujido
desagradable y seco acompañó a la rotura del hueso, el grito de dolor fue tan fuerte que aquel ser
la soltó con brusquedad.
¡Aléjate de mí criatura
inmunda! Gritó Antar con voz temblorosa
mientras se intentaba arrastrar hasta la puerta.
¡Regresa de dónde has venido!
Por desgracia, la suerte le dio
la espalda, aquella cosa iba tras sus pasos y apareció de nuevo frente a ella.
Antar se arrastraba por toda la
habitación quería salvarse así misma de
una muerte que le perseguía sin piedad.
El ser comenzó a golpearse a sí mismo
y a clavar sus enormes garras por todo el cuerpo, ocasionándole heridas graves
de las que emanaba un líquido oscuro posiblemente se tratara de su sangre. En
el instante en que el esporádico ataque terminó, la criatura se desplomó
sobre el suelo, hasta convertirse en un asqueroso charco maloliente.


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