Veo el mundo y me sumerjo en oscuridad, veo ríos teñidos de
sangre y el terror se apodera de mí. Todavía recuerdo el día en que el mundo
fue condenado.
“Rezad, los débiles serán
derrotados por la furia de la magia y la gloria será de los valientes”
Sacrificaré
a los Dioses mi nombre, porque ellos me traicionaron.
Caminando con aire ausente a través de la espesura del bosque
y la frágil frontera del desierto del norte.
Transcurre una eternidad, y sientes la llamada del vacío.
Algo te atrae, te atrapa, te arranca del gris infinito, y te sientes feliz al decidir
tu destino final.
Mi bastón
con mi nombre tallado quedará marcado en la piel de mis enemigos.
Lanzaré
sobre el cuerpo de las bestias una inmensa bola de fuego que calcinará su ser y
los veré entregar su alma.
La melodía de la sangre y el cantar de la magia, unidos al unísono.
Dejaré
que recorran sus cuerpos y atraviesen su corazón hasta que mi nombre marque sus
entrañas con mi odio.
Desgarro el universo hacia el Multiverso infinito. Mis percepciones,
infinitamente amplificadas, tantearon los bordes, sin encontrarlos.
Las
bestias caerán y con ellos sus falsas amenazas, porque ninguna bestia deja en
mi sentimientos oscuros.
Por
mis venas corre sangre de mago, lanzando
conjuros a partir del
fluido vital que sustentan sus vidas. Aquí la única con sangre de mago, soy yo.
Miro a
los ojos a los aldeanos y seguí mi camino, en el oscuro bosque. Dónde tantas
veces me proporcionó tranquilidad.






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