domingo, 18 de diciembre de 2016

TENGO HAMBRE

Mi corazón está agotado despliega polvo cansado, en mi habitación; los viejos cuadros rasgados de olvidos, me muestran la muerte de este atardecer, dolor,  miseria, gotas de angustia y  hambre.


Mi escritorio acoge los pelajes de mi esencia, metal y vidrio, mi mesa impaciente de hambre (grrrrrrrrrrrrruuuuuuuuuuuuuugggggggggggrrruuuuuu) las hojas que me acompañan, esta vela que no se ha encendido desde que deje de escribir  mis delirios. Tengo hambre.

Mis sentidos, ya olvidados tras cada palabra de auxilio no han conservado ni un sólo recuerdo, sólo sombras agotadas y vendidas, temo que puedan ser más, pensamientos negros que  esconden los más oscuros retratos de mi vida y junto a eso revive la más antigua imagen de mi locura. Tengo hambre. Este rugido me taladra los oídos.

Los días como siempre pasan sordos, hoy soy más vieja, hace días que desapareció, algo extraño pasa, tanto miedo, me gustaría no ver a nadie, desconectar mi vida y zambullirme en  ese día dónde la alegría y la felicidad se  hacía eco de mi persona, estoy cansada de machacarme los nudillos  y maldecir mi puta suerte.

Sentí la necesidad de salir, de perderme, de correr, de dejar de  pensar, pero mi cabecita traviesa no paraba de emitir pensamientos ¡BASTA! TENGO HAMBRE.

Mi fuerzas flaqueaban, estaba cansada,  me fui a dormir, no recuerdo cuanto tiempo,  desperté y vi como pasaban los días, nuevamente la nostalgia me hirió con su puñal y vi la mesa que había olvidado, la pluma más  descolorida me saludaba, sentí el ensordecedor palpitar de mi corazón y la necesidad de coger fuerte la pluma y dejar caer en el papel mi  impaciente vida.

Pude darme cuenta que se había manchado de pequeñas partículas de polvo y aún conservaba algunos manchurrones de tinta que había usado tiempo atrás, tiempo que ya no recuerdo.


Sentía  impotencia,  con la mirada reescribí el regreso, pero tan sólo era  el deseo, no regresaría la inspiración que ya había perdido, mi estómago empezó a retorcerse ¡TENGO HAMBRE JODER!  Me levanté y fui a la cocina, pero nada llenaba este vacío. Mi barriga rugía descontrolada, bebí un vaso de agua y continué. (grrrrrrrrrrrrruuuuuuuuuuuugggg)

Día tras día la mesa ya no se veía vacía, los que me habían olvidado siempre buscaban el perdón,  mis rugidos iban disminuyendo, mi cuerpo iba recobrando su potencial. 

Sombras y pereza, sorprendida y absorta en la contemplación de todo aquello que podría volver a repetir, pero mi grandioso aburrimiento no me lo permite, siempre lo mismo, siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco lo que fuiste.






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