sábado, 7 de mayo de 2016

VARILLAS OXIDADAS


Era noche cerrada. La lluvia llevaba horas cubriéndolo todo con su serenidad cristalina.

Nunca me había ocurrido nada igual. El suave repicar de la lluvia provocaba ecos por toda la casa, reflejando luz por el pasillo.

La lluvia se convirtió en furiosa tormenta, en la casa un silencio expectante se imponia sobre cualquier otro sonido. Tres golpes secos en la ventana, contundentes como verdades, rompieron la seguridad de lo cotidiano. No habían sido producto de mi imaginación, a pesar de que las circunstancias y la razón apuntaran a ello. Tres nuevos golpes, pausados, y aún más vigorosos que los anteriores confirmaron esta angustiosa realidad. Era una llamada, pero...¿de quién? ¿o de qué?
A pesar de que estaba aterrorizada, mi curiosidad morbosa arrastró mis pies fuera de la cama y los condujo hacia la ventana. La vieja madera crujió, mientras me acercaba lentamente, paso a paso, hasta colocarme frente a la ventana y...allí estaba, aquella realidad imposible.

 

Su deforme figura recordaba vagamente a la de un pájaro, creado según parámetros absurdos, cubriendo su cuerpo por agudas varillas oxidadas, como las de un paraguas, que entrechocaban produciendo sonidos angustiosos al ritmo de su agitada respiración.


El rostro de aquel pájaro era lo peor que había visto, toda cordura quedaba destruida, poseía ojos asimétricos, sin párpados, circunferencias perfectas que reflejaban odio fanático y furia infinita. Mostraba su dentadura de colmillos irregulares, comprimida en un mordisco atroz. Mi mente luchaba por volver a atar los cabos que le permitiesen unirse de nuevo al mundo real mientras mi cuerpo quedó congelado ante la aparición; no hizo nada, no dijo nada, sólo mirarme fijamente con rabia ancestral, lógica sólo dentro de su conocimiento. La lluvia siguió cayendo... Lo primero que vi al despertar fue la habitación blanca en que me encontraba, y de dónde no volvería a salir jamás. Dicen que estoy loca, que la soledad destruyó mi mente. Su mensaje era su presencia, dar a conocer su existencia real, traspasando el plano de los sueños. Sin embargo, mi verdad no será nunca oída. A veces, cuando la tormenta ruge y todos duermen, puedo escuchar entre los truenos lejanos un débil tintineo de varillas.
 
 
 
 

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