viernes, 20 de mayo de 2016

ATARDECER




Aquella tarde, Jorge observó el atardecer con otros ojos. Ya no lo consideraba simplemente la caída del sol, el inalcanzable horizonte.
 
Esta vez, la definición era muy distinta. La vida es un sueño, pero,  ¿los sueños son vida? Eso le intrigaba mucho. Estaba  nervioso, alterado. El atardecer, aquel crepúsculo diferente a los demás, le producía una sensación de relax extrema, cómo si contemplara la cosa más hermosa del mundo.
 
El Sol desaparecía. Un último rayo esperanzador se elevaba sobre el horizonte, como si llamara a Jorge desesperadamente.
 
Su alma, a la vez, lloraba por la desaparición de aquel rayo, no lo
podía explicar. Se sentía triste. Muy triste.
 
El negro ganaba terreno sobre el naranja. Un negro extraño, que infundía temor y a la vez respeto. Un negro que auguraba oscuridad siniestra, de esas que acobardan hasta  los más valientes y que arrebata la alegría de quienes lo sufren.
 
¿Los sueños son vida? seguía preguntándose Jorge.
 
Buscaba la respuesta en lo más profundo de su ser. Pero por más que buscaba, sólo hallaba vacío. La duda le comía la conciencia, era algo obsesivo, al igual que el negro lo hacía con el naranja.  El momento tan esperado llegó. El negro pintó todo el cielo. Jorge, se tendió en el suelo, y por fín conoció la respuesta.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario