¿Vivir? Para que. ¿Morir? no tengo tiempo. Entonces, ¿qué hacer? dejar desgranar los minutos uno a uno, viéndolos pasar sin aprovecharlos o agarrar cada grano de arena antes de que caiga. No se que hacer. No quiero irme sin ver crecer el fruto que he plantado. Pero tampoco quiero que esa manzana vea que su raíz estaba podrida. Dejaré que pasen los días sin aferrarme a ellos. Dejaré a los minutos danzar al son de la oscuridad. Y dejaré que los segundos corran como alma que lleva el diablo. Cuando levante el estandarte del fin, a mí, si me lo permiten, ya no me importará.
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