Poned piedras en mi camino, que las apartaré a
patadas.
Mi alma indomable fue forjada con sangre, y mi temperamento fuerte en batallas.
Miraré a mí alrededor y veré a mis hermanos caídos,
alzaré la vista al enemigo mientras rompo las cadenas, la ira que corre por mis
venas me dará la fuerza necesaria para gritar. Mi vida es corta, pero
intensa.
Mis sentimientos son pocos, pero fuertes.
Detecto el sudor de miedo de mis enemigos, huelo
sus heridas, las observo y mis pupilas se encogen,
Aunque soplen vientos de tormenta, no me harán
caer. La tierra podrá temblar, mi pulso será firme y sereno.
Los Magos somos orgullosos en la batalla y
leales dónde los haya, saltando sobre las bestias, haciendo que se arrepientan
de sus actos y dejando en manos de fuerzas superiores el destino de su alma. Los
Magos no le tememos al infierno, no buscamos un cielo dónde descansar. Nuestro
alimento, nuestra razón de ser, el anhelo de nuestra alma. Son sueños de
libertad. No nos verás llorar, ni suplicar, sólo nuestra mirada, fija que se
clava en el corazón y mientras lo hace te susurrará:
Soy Mago.
Ecos de guerra resonaban en el aire, recuerdos que cruzan la oscuridad, el
tiempo se desgasta.
Aquella espeluznante criatura me empujó con
violencia, golpeándome la cara contra las rocas. Pude sentir como todos mis
huesos se aplastaban. Sin fuerzas para gritar, caí al suelo de
rodillas, me apoyé sobre las palmas de
las manos. Pude ver cómo mi sangre goteaba y caía justo
ante mis ojos. Lo había intentado todo, había dado mi ser para
acabar con aquella bestia. Aún en el suelo, pude oír los pasos de aquella
enorme criatura. Se acercaba a mí para acabar el trabajo que había comenzado. La sed de
sangre le recorría las entrañas. Su mente desquiciada aullaba en silencio.
Sus palabras acuchillaban mi ánimo.
Con las pocas fuerzas que me quedaban me levanté y me paré frente a la bestia y
le respondí.
“Mi odio no se parará ante la muerte”
La bestia comenzó a reír a
carcajadas. Pude ver cómo se levantaba hasta lo más alto y comenzar su vertiginosa
caída.
La bestia vociferó
” Joven Mago
Morid Lentamente”
Sin apenas
fuerzas, no quería morir. Tan rápido como me fue posible quedé frente
la bestia.
"Mago admitid vuestro destino y no retraséis lo inevitable”
Sentí el
gruñido de la bestia, y los latidos de mi corazón.
Tambaleándome, me puse en pie. Lo único que tenía para
hacerle frente era mi bastón.
“Por tu bien, espero que no falles esta vez"
Después de tan largo combate, tan solo habéis sido capaz de hacer un corte en el brazo. No merecéis ni vida, ni compasión.
La bestia, indignada por mis insolentes palabras, gritó un áspero rugido.
"Insolente Mago jamás os librareis de nuestras sombras.
“La muerte me espera. La
victoria me aguarda.”
Matar nos
proporciona el único momento de paz en nuestras vidas. El alarido de un enemigo
en la lucha es la única música que conmueve nuestros corazones, el sabor de la
sangre lo único que despierta nuestro apetito. Gritamos y reímos en el campo de batalla.
Cuando los tambores de guerra comiencen a tronar, la
decisión está en tus manos.









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