El tiempo ha pasado, pero aún
se distingue claramente el emblema que brilla con luz propia.
Honor, Sangre, Valor,
Lealtad, Saber y Esperanza.
La mente y el alma volverán a
ser uno. No habrá, espadas ni lanzas, ni Dios ni hombre capaz de volver
separarlas.
Un agudo presentimiento
recorrió todo su cuerpo. Algo siniestro había allí, lo sentía, cada parte de su
cuerpo; incluso su alma parecía inquieta. Entonces en lo más profundo de
aquella oscuridad pudo descubrir lo que tanto hastiaba su espíritu.
Ambos, se miraron
detenidamente, impasibles, quietos y firmes. Una leve sonrisa iluminó la cara
de Jurian. La tierra comenzó a temblar, pasos firmes, continuos, marcados. De
un silencio sepulcral y moribundo surgieron multitud de sonidos, hombres,
caballos, armaduras, y música; sí música; eran los redobles de tambores; su
armonía y equilibrio eran perfectos.
Su valor no conocía límites, ni
el miedo ni la muerte eran rivales, pues bien los conocía y los había asumido
con determinación.
Él fue el que vio y reconoció,
el que pudo y quiso, el que miro fijamente al caos; ese caos que ahora huye
vencido. Sus ojos oscuros estaban llenos
de desaliento y recuerdos. Nada se consigue sin lucha ni sacrificio, sin valor
ni honor, sin verdad ni esperanza, todo cuesta, no todo vale, mirar en vuestro
interior y encontrareis lo que tanto ansiáis.
Desde el mismo lugar donde
llego desapareció, dejando tras de él una espesa bruma que comenzó a levantarse
instantes después. ¿Qué es lo más precioso que tiene cada uno? ¿Cual es lo que
supone mayor riesgo y esfuerzo? No todo
vale, pues debe ser honorable y sincero.
Unos instantes después y sin
mediar palabra, se detuvo, y comenzó a
deliberar. En sus pensamientos más profundos se preguntaba: ¿Qué es lo más valioso
qué tengo? ¿Qué es lo que más venero y admiro? Cuál es mi sino?
¡Dioses! Grito
Jurian, ya está, la solución ha estado frente a mi todo el tiempo. Su deber
desde el comienzo no había sido otro que el de batallar y defender; no hay mayor
sacrificio para un guerrero que entregar su propia espada, aunque eso le
pesara, le dolía no poder combatir durante largo tiempo. Había llegado el día
de esperar, en vez de luchar.
Jurian manifestó sus conclusiones. Ya estaba todo dispuesto. Entregó
su mejor y única espada, le había servido muy lealmente. Era espectacular, no
por su empuñadura, ya que carecía apenas de brocados de oro y plata, sino por
su afilada hoja. Tres años costo forjar aquella maravilla; su dureza y
flexibilidad era tal que al desenfundar y ponerla cara al viento emitía una
dulce melodía; mortal para cualquiera que quisiese desafiarla.
Jurian colocó junto a su espada una lagrima.
Nunca había llorado. No era una lágrima de dolor, sino de amistad, amistad sincera,
pura en toda su forma. Que mayor honor supondría para cualquier persona que el
dar su vida, su sangre, por una causa justa. Sacó un alfiler y se lo clavó en
el pecho. De la sangre que manaba cogió la primera gota y la puso junto con el
resto de objetos.
Jurian vociferó, compartiré
todo lo que he aprendido, cada pensamiento será vuestro. Al término de sus últimas
palabras, la tierra comenzó a temblar de nuevo.
La espada, apuntaba
directamente al centro. Después lo hizo la gota de sangre y por último la lágrima
situada a la misma altura de la espada. Se fundieron en una sola, regando la
espada desde la empuñadura hasta el filo extremo de la hoja. La espada comenzó
a brillar cada vez con más y más intensidad; la luz que desprendía cegaba.
Era pura energía emitida incesantemente.
Resultaba difícil mirarla directamente. Minutos después y como si de un rayo se
tratase la espada desapareció. Aunque la tierra seguía temblando, esto supuso
que aún se agitaba más violentamente. Lo que después sucedió no hay palabras
suficientes para poder describirlo.
Un haz de luz, tan potente que
atravesó aquellas oscuras nubes, formando un circulo en el cielo. Nada quedaba
ya de la fría y oscura noche, ni de la niebla, que se había volatilizado en
cuestión de segundos.
Una enorme esfera de energía,
que subía y subía hasta las escasas nubes que aún quedaban. Se produjo un
enorme estruendo, provocando enormes vientos que azotaron todo aquel lugar. La
gran esfera de energía se había fragmentado en millones de diminutas bolas de
luz. Caían lentamente dirigidas una a una hacia su objetivo concreto, como si
de un rompecabezas se tratase. Al concluir dicho esplendor, el silencio volvió
a invadir a aquel lugar.
Todo era distinto, la faz de su
cara, su pelo, y todo su cuerpo comenzaba a cambiar. Primero desapareció su
blanca barba, transformándose en una larga melena de pelo negro. Su arrugada
cara, y cada uno de sus músculos parecían rejuvenecer. Poco a poco se fue
transformando en un regio guerrero. Encajaban todas las piezas de forma perfecta en el cuerpo de aquel
guerrero.
El valiente guerrero habló:
Saludos hermanos y hermanas
míos/as, vuestra amistad me ha hecho volver, vuestro valor me ha dado fuerzas
para continuar y vuestra lealtad para seguir este camino con todos vosotros/as.
Soy un sueño para unos, y pesadilla para otros. Este es el comienzo de una
nueva era, que nada ni nadie vuelva a destruir lo que con tanto esfuerzo hemos
creado.
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