viernes, 9 de junio de 2017

JURIAN


El tiempo ha pasado, pero aún se distingue claramente el emblema que brilla con luz propia.
 Honor, Sangre, Valor, Lealtad, Saber y Esperanza.

La mente y el alma volverán a ser uno. No habrá, espadas ni lanzas, ni Dios ni hombre capaz de volver separarlas.

Un agudo presentimiento recorrió todo su cuerpo. Algo siniestro había allí, lo sentía, cada parte de su cuerpo; incluso su alma parecía inquieta. Entonces en lo más profundo de aquella oscuridad pudo descubrir lo que tanto hastiaba su espíritu.

Ambos, se miraron detenidamente, impasibles, quietos y firmes. Una leve sonrisa iluminó la cara de Jurian. La tierra comenzó a temblar, pasos firmes, continuos, marcados. De un silencio sepulcral y moribundo surgieron multitud de sonidos, hombres, caballos, armaduras, y música; sí música; eran los redobles de tambores; su armonía y equilibrio eran perfectos.

Su valor no conocía límites, ni el miedo ni la muerte eran rivales, pues bien los conocía y los había asumido con determinación.

Él fue el que vio y reconoció, el que pudo y quiso, el que miro fijamente al caos; ese caos que ahora huye vencido.  Sus ojos oscuros estaban llenos de desaliento y recuerdos. Nada se consigue sin lucha ni sacrificio, sin valor ni honor, sin verdad ni esperanza, todo cuesta, no todo vale, mirar en vuestro interior y encontrareis lo que tanto ansiáis.

Desde el mismo lugar donde llego desapareció, dejando tras de él una espesa bruma que comenzó a levantarse instantes después. ¿Qué es lo más precioso que tiene cada uno? ¿Cual es lo que supone mayor riesgo y esfuerzo?  No todo vale, pues debe ser honorable y sincero.


Unos instantes después y sin mediar palabra,  se detuvo, y comenzó a deliberar. En sus pensamientos más profundos se preguntaba: ¿Qué es lo más valioso qué tengo? ¿Qué es lo que más venero y admiro? Cuál es mi sino?

¡Dioses! Grito Jurian, ya está, la solución ha estado frente a mi todo el tiempo. Su deber desde el comienzo no había sido otro que el de batallar y defender; no hay mayor sacrificio para un guerrero que entregar su propia espada, aunque eso le pesara, le dolía no poder combatir durante largo tiempo. Había llegado el día de esperar, en vez de luchar.

Jurian manifestó sus  conclusiones. Ya estaba todo dispuesto. Entregó su mejor y única espada, le había servido muy lealmente. Era espectacular, no por su empuñadura, ya que carecía apenas de brocados de oro y plata, sino por su afilada hoja. Tres años costo forjar aquella maravilla; su dureza y flexibilidad era tal que al desenfundar y ponerla cara al viento emitía una dulce melodía; mortal para cualquiera que quisiese desafiarla.

Jurian colocó junto a su espada una lagrima. Nunca había llorado. No era una lágrima de dolor, sino de amistad, amistad sincera, pura en toda su forma. Que mayor honor supondría para cualquier persona que el dar su vida, su sangre, por una causa justa. Sacó un alfiler y se lo clavó en el pecho. De la sangre que manaba cogió la primera gota y la puso junto con el resto de objetos.

Jurian vociferó, compartiré todo lo que he aprendido, cada pensamiento será vuestro. Al término de sus últimas palabras, la tierra comenzó a temblar de nuevo.

La espada, apuntaba directamente al centro. Después lo hizo la gota de sangre y por último la lágrima situada a la misma altura de la espada. Se fundieron en una sola, regando la espada desde la empuñadura hasta el filo extremo de la hoja. La espada comenzó a brillar cada vez con más y más intensidad; la luz que desprendía cegaba.

Era pura energía emitida incesantemente. Resultaba difícil mirarla directamente. Minutos después y como si de un rayo se tratase la espada desapareció. Aunque la tierra seguía temblando, esto supuso que aún se agitaba más violentamente. Lo que después sucedió no hay palabras suficientes para poder describirlo.

Un haz de luz, tan potente que atravesó aquellas oscuras nubes, formando un circulo en el cielo. Nada quedaba ya de la fría y oscura noche, ni de la niebla, que se había volatilizado en cuestión de segundos.

Una enorme esfera de energía, que subía y subía hasta las escasas nubes que aún quedaban. Se produjo un enorme estruendo, provocando enormes vientos que azotaron todo aquel lugar. La gran esfera de energía se había fragmentado en millones de diminutas bolas de luz. Caían lentamente dirigidas una a una hacia su objetivo concreto, como si de un rompecabezas se tratase. Al concluir dicho esplendor, el silencio volvió a invadir a aquel lugar.

Todo era distinto, la faz de su cara, su pelo, y todo su cuerpo comenzaba a cambiar. Primero desapareció su blanca barba, transformándose en una larga melena de pelo negro. Su arrugada cara, y cada uno de sus músculos parecían rejuvenecer. Poco a poco se fue transformando en un regio guerrero. Encajaban todas las piezas  de forma perfecta en el cuerpo de aquel guerrero.

El valiente  guerrero habló: 


Saludos hermanos y hermanas míos/as, vuestra amistad me ha hecho volver, vuestro valor me ha dado fuerzas para continuar y vuestra lealtad para seguir este camino con todos vosotros/as. Soy un sueño para unos, y pesadilla para otros. Este es el comienzo de una nueva era, que nada ni nadie vuelva a destruir lo que con tanto esfuerzo hemos creado. 




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