Ede trató
de levantarse, las piernas le fallaron. Una mezcla de
emociones se abrió camino en la oscuridad atrapando su corazón, había perdido la orientación.
Las náuseas que le provocaba ese maldito olor hicieron que le diera vueltas la
cabeza. Sus pulmones se llenaron de un frío gélido y supo exactamente dónde se
encontraba.
Gotas
de sudor se deslizaban lentamente por su rostro. El miedo volvía haciéndole un
nudo en el estómago, rugiendo como un trueno lejano.
Ede mentía para escapar. Se pasaba
el tiempo explicando historias, esforzándose por mantener su fachada de
valentía. Era lo único que se le daba bien.
Ede
se quedó mirando a los fantasmas preguntándose si habrían venido para vengarse.
¿Qué queréis de mí? Dijo Ede entre dientes.
No
puedes imaginar lo que significa para nosotros que estés aquí. Una vez fuimos
libres de recordar lo que habíamos abandonado y lo que habíamos destruido.
Pensábamos que no quedaba nada de lo que había sido nuestro pueblo. Saber que
nuestro pasado no se ha perdido del todo…eso hace que tengamos esperanza en el futuro.
No vamos
a hacerte daño, muchacha. Dijeron los fantasmas al unísono. Hemos venido a
ayudarte. Llevas demasiado tiempo aquí tirada. Aquí no hay nada para ti.
Ede respiró
hondo para calmar un poco los nervios. Ede dejó que los fantasmas la ayudaran, sintió
como un remolino de aire movía todo su
cuerpo.
Lo siento, chicos. Bajó la cabeza, avergonzada,
no podía mirar a los fantasmas. Debería
haber hecho algo. Tuve… tuve miedo.
Nosotros también. Sólo que no dejamos
que el miedo nos venza. Ya va siendo hora de que tú hagas lo mismo.
Ahora te vamos a soltar. El fantasma
la agarraba con menos fuerza y una punzada de terror atravesó a Ede
Un rotundo ¡No! Salió de su boca. Estoy atrapada aquí. No sé
cómo salir.
Lo único que podemos hacer es
levantarte, Si luego te vuelves a caer o te quedas de pie, ya es cosa tuya.
Ede tragó saliva, con su garganta en
carne viva por el aire helado.
Es que… Buscó algo que decir, pero
sabía que no era más que una excusa para que los fantasmas siguieran junto a
ella. Ede sentía el corazón aporreándole el pecho. Su respiración se aceleró.
¿Qué les diría a los fantasmas? Era
algo que se había preguntado a menudo.
¿Les diría que había vivido el resto
de sus días con miedo? ¿O que había llevado una vida con sentido, con los ojos
abiertos, con el fuego ardiendo en su sangre?
Ede se desplomó ligeramente y se
reincorporó a trompicones, luchando por estabilizarse. Encontró el equilibrio,
esa parte de sí misma que seguía encerrada. Estaba cansada y los músculos de
las piernas le dolían por el esfuerzo.
Una débil luz comenzó a brillar, una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de
Ede. Qué maravilla dijo en voz baja. Esto sí que era belleza de verdad. Movida por la
curiosidad, extendió la mano para tocar algo, se echó hacia atrás mientras unas
patas largas salía del cuerpo de una araña clavándole sus patas afiladas como
cuchillos. Las heridas de sus brazos bombeaban sangre caliente.
El
pensamiento brotó en la cabeza de Ede , salido la parte oscura de su interior.
Si regreso y muero, traeré vergüenza. Pero si sigo adelante y sobrevivo, habré
triunfado.
Ede siguió los reflejos brillantes,
apenas consciente cayó al tropezar con algo. Ede furiosa, abrió la boca para maldecir.
¿Pero qué alternativa había?
Intentarlo era dejar la puerta abierta al fracaso. Aquello no parecía tener
sentido, cuando en lo más hondo de su ser sabía que, hiciera lo que hiciera,
siempre sería aquella ladrona que se escurrió dispuesta a engañar a quién fuese.
Tal
y como esperaba, cuando sólo había recorrido la mitad del camino, aparecieron
dos figuras detrás de las rocas. ¿Nos envías a este destierro y te permites el
lujo de escandalizarte ante nuestro sufrimiento? No hay insultos lo bastante
envenenado para describirte.
Esto no es real, comprendió Ede al
percibir de pronto su propia consciencia, que observaba estos sucesos
espectrales. Estaba muerta: podía sentirlo, pero su espíritu estaba retenido en
el limbo. Lo último que recordaba era la
caída que le había llevado a la muerte.

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