miércoles, 19 de abril de 2017

EN EL LIMBO

Ede trató de levantarse, las piernas le fallaron. Una mezcla de emociones se abrió camino en la oscuridad  atrapando su corazón, había perdido la orientación. Las náuseas que le provocaba ese maldito olor hicieron que le diera vueltas la cabeza. Sus pulmones se llenaron de un frío gélido y supo exactamente dónde se encontraba.

Gotas de sudor se deslizaban lentamente por su rostro. El miedo volvía haciéndole un nudo en el estómago, rugiendo como un trueno lejano.

Ede mentía para escapar. Se pasaba el tiempo explicando historias, esforzándose por mantener su fachada de valentía. Era lo único que se le daba bien.

Ede se quedó mirando a los fantasmas preguntándose si habrían venido para vengarse.

¿Qué queréis de mí?  Dijo Ede entre dientes.


No puedes imaginar lo que significa para nosotros que estés aquí. Una vez fuimos libres de recordar lo que habíamos abandonado y lo que habíamos destruido. 



Pensábamos que no quedaba nada de lo que había sido nuestro pueblo. Saber que nuestro pasado no se ha perdido del todo…eso  hace que tengamos esperanza en el futuro.

No vamos a hacerte daño, muchacha. Dijeron los fantasmas al unísono. Hemos venido a ayudarte. Llevas demasiado tiempo aquí tirada. Aquí no hay nada para ti. 

Ede respiró hondo para calmar un poco los nervios. Ede dejó que los fantasmas la ayudaran, sintió como un remolino de aire movía todo su cuerpo.

Lo siento, chicos. Bajó la cabeza, avergonzada, no podía mirar a los fantasmas.  Debería haber hecho algo. Tuve… tuve miedo.


Nosotros también. Sólo que no dejamos que el miedo nos venza. Ya va siendo hora de que tú hagas lo mismo.

Ahora te vamos a soltar. El fantasma la agarraba con menos fuerza y una punzada de terror atravesó a Ede
Un rotundo ¡No!  Salió de su boca. Estoy atrapada aquí. No sé cómo salir.

Lo único que podemos hacer es levantarte, Si luego te vuelves a caer o te quedas de pie, ya es cosa tuya.

Ede tragó saliva, con su garganta en carne viva por el aire helado.

Es que… Buscó algo que decir, pero sabía que no era más que una excusa para que los fantasmas siguieran junto a ella. Ede sentía el corazón aporreándole el pecho. Su respiración se aceleró.

¿Qué les diría a los fantasmas? Era algo que se había preguntado a menudo.

¿Les diría que había vivido el resto de sus días con miedo? ¿O que había llevado una vida con sentido, con los ojos abiertos, con el fuego ardiendo en su sangre?

Ede se desplomó ligeramente y se reincorporó a trompicones, luchando por estabilizarse. Encontró el equilibrio, esa parte de sí misma que seguía encerrada. Estaba cansada y los músculos de las piernas le dolían por el esfuerzo.

Una débil luz  comenzó a brillar,  una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de Ede. Qué maravilla dijo en voz baja. Esto sí que era belleza de verdad. Movida por la curiosidad, extendió la mano para tocar algo, se echó hacia atrás mientras unas patas largas salía del cuerpo de una araña clavándole sus patas afiladas como cuchillos. Las heridas de sus brazos bombeaban sangre caliente.

El pensamiento brotó en la cabeza de Ede , salido la parte oscura de su interior. Si regreso y muero, traeré vergüenza. Pero si sigo adelante y sobrevivo, habré triunfado.

Ede siguió los reflejos brillantes, apenas consciente cayó al tropezar con algo. Ede furiosa, abrió  la boca para maldecir.

¿Pero qué alternativa había? Intentarlo era dejar la puerta abierta al fracaso. Aquello no parecía tener sentido, cuando en lo más hondo de su ser sabía que, hiciera lo que hiciera, siempre sería aquella ladrona que se escurrió dispuesta a engañar a quién fuese.

Tal y como esperaba, cuando sólo había recorrido la mitad del camino, aparecieron dos figuras detrás de las rocas. ¿Nos envías a este destierro y te permites el lujo de escandalizarte ante nuestro sufrimiento? No hay insultos lo bastante envenenado para describirte.

Esto no es real, comprendió Ede al percibir de pronto su propia consciencia, que observaba estos sucesos espectrales. Estaba muerta: podía sentirlo, pero su espíritu estaba retenido en el limbo.  Lo último que recordaba era la caída que le había llevado a la muerte. 


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