Procuro
no escuchar las voces que se forman en mi cabeza, son tan tentadoras.
Palabras incoherentes llegaban a mis oídos. Como no comprendía lo
que me decían, comencé a escribir, y un sentimiento brillante embelleció mis
palabras, fuente radiante de expresión. Todo dejó de ser extraño para mí.
Cautiva en el cálido abrazo que envuelve la agonía de los huesos rotos, sobre la tierra.
He vencido a los vientos, corren ráfagas sordas en las nubes distantes, quema el sol en su heroica hoguera.
Los golpes
se repiten constantemente, provocados por la ira de mis nudillos.
Dejé de
estar en el mismo sitio, siempre en constante movimiento, sintiendo que me había equivocado. Las tinieblas
dieron paso a un nuevo lugar, lleno de sombras inmortales.
Los gritos de los Dioses bajaban de los cielos, intentando advertirme de los peligros que había a mi alrededor. Les respondí,
que no tenía lugar dónde ir. Me ofrecieron cobijo junto a ellos, rechacé sus tentadoras
propuestas. Sabía que mi conciencia me esperaba. El cielo no es para mi.
"Sólo
quiero recordar lo que olvidé"
Me quedé
sola en un desierto de ruinas ancestrales, descanso de soñadores, sufriendo mal
de amores, pidiendo perdón. Sólo es mi alma, llorando sin fuerzas, para
asesinar lo que considero incorrecto. Creando un mundo imperfecto, falta de
sonrisas, lugar lleno de dolor. Infelices altruistas.
Aunque me
dejé llevar por las voces, estoy completamente
segura que me encuentro entre dos caminos opuestos.
Viajo
alegre, sin rumbo fijo, no necesito rumbo, ya me lo marcan los latidos de mi
corazón.
Quiero encontrar a un acompañante, que me guíe hasta el inframundo.
Hace frío,
palabras de poetas enturbian mi mente, mientras intento traspasar la frontera del
bien y del mal.
Extiendo
mis pensamientos, he encontrado lo necesario para seguir.
Escupí sobre
mis heridas, cambiaba constantemente, adaptando mis sentimientos, modificando
mi piel.


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