domingo, 5 de marzo de 2017

TARDE O TEMPRANO

Por las tardes mi locura me permite observar la realidad desnuda, contemplo desde mi ventana el mundo que he encerrado. Sólo para mis ojos.

Veo  desde la distancia, aquellos seres vivientes que han anulado de sus almas todo rastro de razón, y galopan entre escombros.

Subrayo con una débil sonrisa mil posibilidades que sé que me esperan. La cruz de otro fracaso, se suma a las penitencias pendientes, expirando las culpas de los delitos que he  cometido en otras vidas.

He venido para iluminar tus días, te traigo mi cariño y mi lealtad,  me haré un lugar en tu mente, sólo para observar ese cielo en el que tantas esperanzas tienes depositadas.

Puede que una noche sin luna, te saque los ojos y los use, a ver si entonces, mirando con ellos, veo por qué eres VIDA.

Vivo entre suspiros, amargamente feliz, necesito las nubes para seguir creyendo en la lluvia. La oscuridad me esconde,  y me abraza con garras frías.

Rindo culto a tu sonrisa, eterna esencia de lo que siempre he necesitado, y sin saberlo ya tenía hambre de ti.

Mi interior se expande y necesita de tus manos, suplico los oscuros infiernos de tu universo.







Siempre he querido ir más allá, desentrañar todos y cada uno de sus aspectos y sobre todo de aquello que llaman AMOR, extraña palabra, extraño sentimiento jamás conocido, hasta llegar a ti.

Todo provenía de mi  misma y en mi estaba todo lo necesario.

Siempre estuviste ahí, ajeno, y sin embargo, necesario para mi propia libertad, mi corazón experimentó extrañas sensaciones proyectadas hacia el exterior.

Mis huidas se convertían en segundos observando tu rostro entre la multitud.

No existe el fracaso, ni la derrota. No existen  los  para siempre duraderos: en este sucio estercolero, sólo existe el  aquí y ahora.

Aunque nunca acierto el momento decisivo, siempre he esperado un disparo certero y  ajeno.

Eres rebeldía, la timidez escondida, y la fortaleza que me derrumba.

Aún así, es el escrupuloso y metódico estudio paranoico-crítico de mi vida, espero no me hagas renunciar a mi perdición. No tengo la más mínima intención de abandonar.




En esta guerra injusta de hipocresía y palabrería gastada, dónde todo son prisas y estrés, dónde todo lo que ocurre y seguirá ocurriendo fuera del mundo personal que nos rodea a cada uno de forma individual, no tiene valor ni importancia. 





Los sentimientos limpios y verdaderos  quedan sepultados.

La muerte siempre vence, al final. En esta trinchera de ratas y cuerpos putrefactos, he decidido convertirte en mi última bala.

No te sorprendas oír truenos un día de sol. No hay nadie que tenga razón, no hay porqué, ni hay verdad que no se derrumbe tarde o temprano.





No hay comentarios:

Publicar un comentario