Por las tardes mi locura
me permite observar la realidad desnuda, contemplo desde mi ventana el mundo
que he encerrado. Sólo para mis ojos.
Veo desde la distancia, aquellos seres vivientes
que han anulado de sus almas todo rastro de razón, y galopan entre escombros.
Subrayo con una débil
sonrisa mil posibilidades que sé que me esperan. La cruz de otro fracaso, se
suma a las penitencias pendientes, expirando las culpas de los delitos que
he cometido en otras vidas.
He venido para iluminar
tus días, te traigo mi cariño y mi lealtad, me haré un lugar en tu mente, sólo para
observar ese cielo en el que tantas esperanzas tienes depositadas.
Puede que una noche sin
luna, te saque los ojos y los use, a ver si entonces, mirando con ellos, veo
por qué eres VIDA.
Vivo entre suspiros, amargamente
feliz, necesito las nubes para seguir creyendo en la lluvia. La oscuridad me
esconde, y me abraza con garras frías.
Rindo culto a tu sonrisa, eterna
esencia de lo que siempre he necesitado, y sin saberlo ya tenía hambre de ti.
Mi interior se expande y
necesita de tus manos, suplico los oscuros infiernos de tu universo.

Siempre he querido ir más allá, desentrañar todos y cada uno de sus aspectos y sobre todo de aquello que llaman AMOR, extraña palabra, extraño sentimiento jamás conocido, hasta llegar a ti.
Todo provenía de mi misma y en mi estaba todo lo necesario.
Siempre estuviste ahí, ajeno, y sin embargo, necesario para mi propia libertad, mi corazón experimentó extrañas sensaciones proyectadas hacia el exterior.
Siempre estuviste ahí, ajeno, y sin embargo, necesario para mi propia libertad, mi corazón experimentó extrañas sensaciones proyectadas hacia el exterior.
Mis huidas se convertían
en segundos observando tu rostro entre la multitud.
No existe el fracaso, ni
la derrota. No existen los para siempre duraderos: en este sucio
estercolero, sólo existe el aquí y ahora.
Aunque nunca acierto el
momento decisivo, siempre he esperado un disparo certero y ajeno.
Eres rebeldía, la timidez
escondida, y la fortaleza que me derrumba.
Aún así, es el escrupuloso
y metódico estudio paranoico-crítico de mi vida, espero no me hagas renunciar a
mi perdición. No tengo la más mínima intención de abandonar.
En esta guerra injusta de hipocresía y palabrería gastada, dónde todo son prisas y estrés, dónde todo lo que ocurre y seguirá ocurriendo fuera del mundo personal que nos rodea a cada uno de forma individual, no tiene valor ni importancia.
Los sentimientos limpios y verdaderos quedan sepultados.
La muerte siempre vence,
al final. En esta trinchera de ratas y cuerpos putrefactos, he decidido
convertirte en mi última bala.
No te sorprendas oír
truenos un día de sol. No hay nadie que tenga razón, no hay porqué, ni hay
verdad que no se derrumbe tarde o temprano.
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