Eres
mi tentación, mi más oscuro deseo; la atracción de mi yo oculto. La esencia de
todo lo que amo, de lo que temo, de todo aquello que odio.
Me
resulta imposible permanecer indiferente a tus insinuaciones.
Tus
dulces caricias erizan suavemente mi piel, tu profunda mirada me invita a
observar con la mía cada rincón de tu ser. Tu suave voz, tus leves susurros estremecen
mi alma.
Quisiera
lanzarme al abismo de tus perversos ojos. Quisiera sentir el calor de tu cuerpo
al encontrarse con el mío.
Cada
día es una salvaje lucha contra mí misma, enciende la furia de una eterna
disputa. Cada minuto desata el rencor de esa intensa rivalidad. Cada segundo me
empuja a una disyuntiva entre la razón y la locura.
Sé que no puedo dejarme llevar por estos
impulsos descontrolados. Sé que no debo dejarme arrastrar por la magia de la
noche. No quiero abandonarme a un nuevo naufragio.
Disfrutar
de todo aquello que mi mente imagina. Sé que debería seguir tu sutil guía para
satisfacer esos deseos que apenas puedo contener. Sé que podría alcanzar ese
sentimiento que alborota mis entrañas con tan sólo oír tu nombre.
Intento
refugiarme en los motivos que impiden dejarme seducir por el arsenal que despliegas
sobre mi prudencia. El paso de los días
borrará el recuerdo de tus argumentos.
Siento
debilitarse la única defensa que mantengo en pie.
He sucumbido a tu cariño, mi cordura me ha traicionado.
Mi
cuerpo languidece ante el ferviente deseo que me despierta. Sé que sólo es
cuestión de tiempo… Pero aunque la esperanza me haya abandonado, me confío al
orgullo en este último intento de permanecer firme a mi voluntad ante los
intensos desvarios de mis pensamientos.

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