viernes, 14 de octubre de 2016

PANICO


Lo que pasó ese día, quedará marcado para siempre, no solo por la cicatriz de mi brazo sino por los horribles recuerdos de esa sensación de pánico infinito.


Lo único que sé es que sigue escondido en las sombras esperando su próxima víctima.


Miré al  cielo y vi las primeras nubes acercarse por el horizonte, negras y cargadas de agua.

Se avecina una tormenta.  Pensé.

No me gustaba la oscuridad, me provocaba un miedo insoportable.

Antes de caer en sueño profundo, escuche los primeros truenos furioso de la noche, no le temía a los truenos ni a las tormentas, en realidad me gustaban,  las paredes de la habitación empezaron  a agrietarse, humo oscuro y espeso. El humo cogía forma, un hombre con capucha negra, pies largos con escamas y ojos amarillos. Al mirar al hombre, me puse pálida de repente. Sacó un cuchillo con la punta doblada,  y escribió en la pared.

“Morirás lentamente”

El ruido chirriante de la hoja sobre  la pared rompió el silencio de la noche. Sudaba, fui al baño, necesitaba lavarme la cara, eso calmaría un poco mis nervios. La puerta de mi habitación se cerró de un portazo, el miedo me invadió. Llovía

La oscuridad predominaba en la habitación, la puerta no se abría, pensé en gritar, pero de mi boca apenas salían unos débiles gemidos. Sentí  el sudor frió correr por mi frente, tenía miedo pero aún no había entrado en pánico, por lo menos en ese momento.

De repente sentí  la respiración de algo o alguien detrás de mí, mi corazón agitado iba a mil, no quería darme la  vuelta, pero la curiosidad me obligó.

El hombre o lo que fuese aquello alargó su brazo,  garras punzantes venían  hacia mí y arañó mi piel, largos y gruesos hilos de sangre salpicaron mi pijama  de un color rojo oscuro. No dolía mucho, pero ardía, sentía la sangre correr. Moriré desangrada, pensé.

Le miré a los ojos, esos ojos no tenían expresión. Alargó el brazo de nuevo, intente esquivarlo, me volvió a dar otro gañafón, cerca de la muñeca. Sentía como los tendones de mi brazo se cortaban y mi piel se desgarraba para dar paso a la sangre y al dolor. Quería huir, pero mis piernas no reaccionaban, estaba paralizada. Me debilitaba cada vez más, otro ataque y moriría.

Esperaba que se fuera pero no tuve suerte, levantó el  brazo, cerré los ojos, sentí  el ruido de un coche en la calle, las luces del  coche iluminó toda  la habitación. Cuando abrí los ojos  el hombre ya no estaba, la luz lo había espantado. Me podía mover, lo primero que hice fue gritar y romper en llanto, sentí como la puerta sé abría. Vi el charco de sangre que había en el suelo.

Todo daba vuelta alrededor  mía, pensé que me moriría. Pero el espacio /tiempo cambió de repente, todo estaba tranquilo, eran las cinco de la madrugada.

Sucedió demasiado rápido, primero miré mis manos ensangrentadas,  no era un sueño,  era real y físico. En ese momento sentí lo que hasta ahora sólo he podido llamar como. Pánico infinito.





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