viernes, 4 de marzo de 2016

MENSAJE

 
 
Hoy que resumo los sabores que me dejan los años, sueños, errores, burlas insensatas y caminos, me atraviesa la piel la fría sensación de un punto y aparte, como si fuera posible enmendar el trazo, un intento corregido.
 
Creo que la locura del exceso de errores me atiborra la mente y me hace creer en un reflejo engañoso. ¡Qué locura!
En ese día lleno de voces, lleno de gente, lleno de todo, y de nada a la vez.
Por esos años mi alimento fue la locura y mi bebida la miseria, me debatía a diario entre los anhelos y los desvaríos, tratando de olvidar.
Ya ni sé qué día es, o será que no quiero que el día termine, tal vez mi conciencia entretenida se resista a la idea de dormir pensando en una remota posibilidad.
Me quedo sola con mis sedientas palabras, hablando con mi sombra, con sabor a sal en los labios, con la piel abierta, con la mente desnuda, con mis demonios, esperando el momento último.

Lo veo a él con la cara desgarrada monstruosamente feliz, triunfante, sin amor, sin luz y sin alma, gritando entre lágrimas secas y risas descaradas con la garganta abierta. 

Los hedores de todas las vidas malogradas y los aromas de todos los momentos de mierda.
Oí gritar mi nombre y sonaron las trompetas del infierno en mi cerebro cuando abrió sus labios para decirme, disparando justo en medio del alma, al entrecejo adormecido.
Susurré el nombre maldito del gran amor de mi vida, reviví como en un carrusel demente los pasajes más obscenos de mi hipócrita vida, disfruté y lamenté en fracción de segundos las mismas cosas que me tomó años aceptar, me deleité artificialmente en el demente espectáculo de la complicidad que puede desprender el fuego confortante.
Una voz infernal me apuraba los músculos, mi mente en ebullición negándolo todo, era su voz, sin más reparo me desgarré en llanto, te extraño, te amo, y no pude más, me quedé oyendo el sonido eterno de los fuegos, me quedé ahí sentada con los ojos cerrados.

 


 

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