Se hundió en un denso fango y salió completamente embarrado,
arrastrando los pies,
cabizbajo y el ceño fruncido.
Alzó la mirada al cielo y no encontró el sol,
en ninguna parte,
la luna volvió a exhibir su pérfida sonrisa.
Chasqueó los dedos, haciendo volar fragmentos de barro seco
que cayeron sobre una mar de hierba pisoteada.
Su cuerpo sucio y destemplado navegó en la penumbra,
en busca de un cálido y perfecto refugio inexistente.
Él fue en realidad, sin duda, un ser
que solicitó su tiempo a cambio del mío.
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