Recolectaré la caña
en su punto optimo de dulzura
y cuando te hable será néctar para ti.
Se hará nada en los laberintos de tus pensamientos
y endulzará el ayuno de mis lamentos.
Tus ojos pícaros desafían mi cordura, vigilantes están,
escondidos entre la maleza, cuando juegas conmigo al escondite.
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