En esas tardes insomnes,
arropado por el hastío de las horas,
un fuego abrasador recorre tus manos.
Manos nerviosas, atacan, acechan, dispuestas a darte ese pellizco despiadado,
en la profundidad de tu piel.
Aprieta,
retuerce,
siente.
¡Ay!
Dolor intermitente cuando tus manos no me rozan.
TE ESTRUJO
ResponderEliminarKEBRAN